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ZagatoPor: Gilberto Samperio, 22-11-2010
Con la confirmación del arribo del Nissan Leaf a territorio mexicano, surgen más interrogantes que sólo saber el precio: ¿Estamos preparados para cambiar nuestro hábitos de conducción? ¿Realmente tendrá la aceptación suficiente para hacerse de un hueco en un mercado determinado por el precio y la costumbre como el mexicano?
Porque hay que ser honestos: La conducción de un vehículo 100% eléctrico no sólo implica cambiar el surtidor de gasolina por el contacto de nuestra casa. Existen más cuestiones a corregir de nuestras actuales maneras de llevar un auto.
Para empezar, la compra. Se debe tener muy claro que un coche eléctrico obliga a meditar concienzudamente nuestros requerimientos de transporte. Su escasa autonomía, cifrada en una máxima de 160 km, obliga a ser muy cautos en cuanto a la planeación de nuestra movilidad diaria. Si se cuenta con horarios fijos, rutas establecidas y poca variedad en el día a día, es factible considerar en serio un auto eléctrico.
El problema empieza cuando esas distancias cortas puedan alargarse si surge una emergencia o un viaje espontáneo que implique superar el kilometraje acostumbrado. Porque el Nissan Leaf requiere su carga diaria de aproximadamente 8 horas, siempre que sea a una tensión de 220-240V. Si es la conocida de 110-120V, requiere 20.
Además, no podemos visitar una tiendita y comprar un paquete de pilas sólo para llegar a casa. A ese riesgo de quedarse varado, se suma el desgaste que sufren las baterías cuando son descargadas por completo.
Si esta primera fase queda clara, debe contemplarse con frialdad el siguiente paso: contar con la infraestructura adecuada para la carga así como ciertos permisos y protecciones. Porque nuestra red eléctrica sufre de caídas de tensión apreciables, hasta apagones que pueden, si no dañar al vehículo, dejarnos sin auto una mañana.
La tercera es menos complicada pero interesante: el mantenimiento. Cierto, por sus características no requiere todo el esfuerzo y tiempo que exige el tradicional automóvil. Pero hay que cumplir los plazos a efecto de evitar desperdicios de energía por rozamientos innecesarios como unos frenos en mal estado.
Finalmente, quedaría especular si realmente valdrá la pena en lo económico. Al inicio, los incentivos suenan muy prometedores: Tenencia cero, sin ISAN, sin verificación de emisiones y hasta posibles opciones de apoyos estatales o gubernamentales para reducir su costo o infraestructura.
Para incrementar el antojo, hemos realizado una prueba sencilla de nuestro costo por kilómetro (CPK) basados en un rendimiento de combustible equivalente oficial de 42 km/l o 100 millas por galón. Hallamos un valor muy tentador: 1.96 pesos por cada kilómetro. Pero este estimado puede verse afectado si vemos que la equivalencia del rendimiento de combustible puede variar mucho entre el real y el estimado.
En resumen, si realmente le interesa un coche eléctrico como el Nissan Leaf, debe ponderar muy cuidadosamente las ventajas, los requerimientos técnicos, la instalación y sobre todo, si puede cambiar sus actuales hábitos de manejo. Porque de otra manera puede ser un dolor de cabeza antes que una satisfacción ecológica o personal.

Se tarda tanto la bateria en cargar que solo sirve para ir al super pero el costo de cargar las baterias es mas caro que la gasolina y no resulta tan ecologico.